domingo, 23 de mayo de 2010

Mujeres con estilo

Todos los días millones de mujeres en el mundo afrontan la vida con una energía casi sobrenatural: solteras, esposas, madres, amas de casa, empleadas o empresarias son heroínas anónimas que logran su éxito personal después de haber recorrido un largo y arduo camino.

Son mujeres que se respetan a sí mismas, valoran su feminidad y no se dejan influir por comentarios peyorativos. Son responsables de su vida y no las apetece vivir sin autenticidad. Su escala de valores no se orienta según el ideal de masculinidad sino que revalorizan su propio y específico “estilo femenino”.

La fuerza de la mujer es asombrosa porque sus músculos, más que en el cuerpo, están en el alma y en el corazón. Su verdadero poder está en su interior: energía instintiva, intuición práctica, inteligencia emocional, deseo irrenunciable de alcanzar sus sueños y compromiso incondicional por defender la vida.

Este poder femenino, único y original, es transmitido de generación en generación; gracias a él ya no oculta sus pasiones y sus sueños. Una mujer del Siglo XXI, hecha y derecha, combina una serie de ingredientes con gracia y consigue un resultado delicioso: ser ella misma. ¿Cuál son los ingredientes de la receta?: gustos sencillos, un cierto grado de aceptación de frustración, algo de coraje, amor a su trabajo y una conciencia tranquila.

El ser de la mujer está dividido por una línea invisible: de un lado, está ella y de otro, los demás. Esos otros (hijos, padres, parejas, amigos...) merecen todo su amor pero ella sabe guardar algo para sí misma: sus propios sueños, opiniones y gustos y el derecho inalienable de que los demás también se ocupen de ella. Recibe renunciando a tener el control, aceptando que otros tienen dones para dar, reconoce su valor y lo agradece desde lo más profundo de su corazón.

Una mujer con “estilo” tiene su espacio, su tiempo, su atención hacia sí misma. La encanta ocuparse de su belleza, de su aspecto exterior, brillar, ser un poco frívola. Sabe que la coquetería y la seducción son características femeninas (¡y a mucha honra!) y por eso, cuidarse y ponerse guapa la reconforta física, emocional y espiritualmente. No cae en la esclavitud de la moda o del cuerpo pero está muy atenta a su bienestar: armonía entre su ser interior y su imagen eternamente femenina.

Sabe crear un clima apacible tanto en su hogar como en su trabajo: sonríe, disfruta de la belleza de las personas y del mundo, no trata de complacer a todos, expresa su amor, se ríe a carcajadas, elige ropa que le resulta cómoda y se adecúa a su personalidad, se atreve a lucir un detalle audaz y jamás olvida hidratarse o nutrirse la piel.

Su sabiduría ancestral la dice que el carácter contribuye a la belleza porque fortifica cuando la juventud empieza a desvanecerse. La conducta responsable, una actitud valiente ante la vida, la disciplina y la integridad son grandes ayudas para hacer bella a cualquier mujer...

Por otra parte, el descanso, el estar al mando de su propio tiempo, el divertirse y el gozar de la vida (tanto en compañía como en soledad) propician que siempre esté de buen humor. El buen humor es un tónico para la mente y para el cuerpo; es el mejor antídoto contra la ansiedad y la depresión; es muy conveniente para los negocios; atrae y retiene a los amigos; aligera mucho las cargas humanas y es el camino más seguro hacia la serenidad y el bienestar.

Una mujer con estilo conoce perfectamente que la alegría es una belleza emocional que cala profundamente en los demás y que la hace ser especial dondequiera que esté. Siempre tiene música en el ambiente, devora libros, canta, baila, ama, comparte, da y recibe con naturalidad, en definitiva, goza de la existencia y se lo contagia a los demás.

Como contrapunto, sabe estar quieta en medio de la agitación y vibrar de vitalidad en el reposo. Ella ha sabido crear un espacio en su vida que la permite desarrollar su sabiduría, su creatividad, su propia visión de las cosas y su coraje de vivir. Sabe que ella misma es el recurso más poderoso del que dispone para alcanzar su felicidad y la de los demás.

Desde aquí aliento a todas las mujeres a que confíen en su intuición femenina y a que permitan que sus virtudes salgan al exterior. Las animo a gozar de su feminidad y a vivir lo que son con autenticidad.

Que descubran todo el potencial que tienen en sus almas y que vean en el despliegue de ese potencial una tarea que puede ser fascinante para ellas y que puede llenar el mundo que vivimos de valores femeninos haciéndolo más humano, más variado, más cálido y rebosante de amor.

Amparo Ruiz Palazuelos


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