sábado, 14 de agosto de 2010

Jane Austen


Es una gran escritora inglesa cuya vida transcurrió en el período georgiano que cubrió el siglo XVIII y principios del XIX, llamado subperíodo georgiano. El Príncipe de Gales ejercía la regencia del reino debido a la locura de su padre. El Regente fué uno de sus más fervientes lectores y, aunque a ella no le caía especialmente bien, le dedicó Emma, una de sus novelas.

Nació en 1775 en la Rectoría de Stevenson (Hampshire), al sur de Inglaterra. Tuvo 6 hermanos y una hermana, Cassandra. Pertenecía a la gentry, clase media-alta de la campiña inglesa y, a pesar de no gozar de grandes lujos, era una familia razonablemente felíz en la que se estimulaba intelectualmente a los hijos y, como consecuencia de ello eran cultos y educados, estaban cultivados.


La Rectoría era como un pequeño internado para varones. A las mujeres se les enseñaba en casa a leer, escribir, bordar, llevar un hogar... y otras habilidades como dibujar, cantar, tocar algún instrumento musical y aprender idiomas extranjeros (francés o italiano). Jane estudió en un internado para señoritas en Oxford, donde compadecía a las mujeres que se dedicaban a la enseñanza, pero pronto volvió a casa y su padre, conociendo su inteligencia, le dió libre acceso a su biblioteca personal, por lo que su formación fué más bien autodidacta; se cree que, incluso llegó a aprender un poco de latín. Más adelante le regalaría un escritorio portátil.


En verano, hacían representaciones teatrales con la familia y los amigos y ella participaba activamente. Empezó a escribir en la adolescencia y todos le estimulaban porque lo que escribía tenía una fina ironía que lo hacía muy divertido. Eso no era obstáculo para que se preocupara por su atuendo refinado y elegante y cultivara amistades con las que establecíó estrechos lazos que mantendría toda su vida.

Sin embargo, a la hora de llevar vida social, su situación no era la ideal: su inteligencia e ingenio no sólo no suplían la carencia de una buena dote, sino que asustaban a los posibles pretendientes. Se enamoró una vez, del irlandés Tom Lefroy, pero el convencionalismo social impidió la relación. Ese fracaco amoroso le llevó a concentrarse más en el trabajo literario.

En 1779 la familia se fué a Bath para ampliar el círculo social; no fué una experiencia muy satisfactoria pues se sentía arraigada a la campiña y se tuvo que desprender de objetos muy preciados, como los libros de su padre o su propio piano...Se sintió encerrada en aquélla ciudad-balneario durante 6 años y, aparte de no atraer a ningún joven aristócrata para que le llevara al altar, la tinta de su pluma parecía haberse secado. Un joven muy rico se interesó por ella pero, al ser menor tanto en edad como en inteligencia... lo rechazó.


Muere su padre y, su madre, su hermana y ella se quedan en una complicada situación económica; los hermanos las ayudan y, después de hacer varios intentos en otros lugares, vuelven a la campiña, a Chawton Cottage, una casita en el poblado de Chawton donde recupera el sosiego y el tiempo necesario para volver a escribir. Tenía la “Habitación propia” de la que 100 años después hablaría Virginia Woolf en su libro del mismo título y que se refería a la independencia financiera, espacial y temporal que requería una escritora. Le dejaron el comedor para que trabajara y lo hacía en una mesita junto a una de las ventanas; no quería engrasar una de las puertas para que el chirrido le avisara de que llegaba alguien (escondía papel, pluma y tinta y sacaba su labor manual...).


Todos le animaban a publicar, pero fué su hermano Henry, que vivía en Londres quien le buscó un editor y promovió su obra. Ella siguió trabajando sin parar y vió salir 4 de sus novelas. Murió a los 41 años y en la lápida no ponía nada de su carrera literaria; fué enterrada en la Catedral de Winchester.


Lo fascinante de Jane Austen es que crea una novela nueva en la que se sintetizan la psicológica y la costumbrista. Entiende la sensibilidad no como cualidad biológica sino como una marca cultural. La aparente debilidad tradicional se va transformando en fuerza porque es consciente de que la esfera de las relaciones humanas es dominio de la mujer, gracias a su especial socialización. Descubre que las soft skills (competencias sociales afectivas) juegan un papel cada vez más importante, incluso fuera de la vida privada y van gozando de mayor aprecio, respeto y reconocimiento. Son mucho más profundas que las simples good manners o buenos modales que se utilizan en sociedad, van mucho más allá porque brotan del alma, no se quedan en la superficie...


Convierte la novela en una escuela de inteligencia emocional y social: la percepción sutil de las armonías, los tonos intermedios y las disonancias en las relaciones humanas. Sus personajes, con resolución y presencia de ánimo, se dirigen hacia su objetivo movidos por una pasión sincera y no por egoísmo u oportunismo. Pero, entre el momento de definir el objetivo y alcanzarlo, deben realizar una verdadera carrera de obstáculos para superar los prejuicios y las convenciones así como las desaveniencias y desfallecimientos ligados a esa lucha. La justa mezcla de sentimiento y carácter (Sentido y sensibilidad, otra de sus novelas) no constituye aún la entera libertad, lo acompaña el sufrimiento.


Los seres que nos presenta Jane Austen no conocen la autorrealización, ni el estrés, ni la fatiga, sino que se hacen cargo de su destino con valentía, con honestidad y sin regatear. Están guiados por un sentimiento de obligación, pero no hacia las convenciones sociales sino hacia ellos mismos. Rousseau, garante de la escritora, llamaba “el sentimiento de la existencia” a ese estado de amor propio en el que se disfruta de la propia persona y de la existencia porque uno se basta a sí mismo.

Orgullo y Prejuicio, su principal novela, trata de la elección de pareja. De acuerdo con el código social de la época una mujer tenía un único objetivo: conseguir un buen partido. Pero con Elisabeth (la protagonisa) crea “un nuevo tipo de mujer” que encarna el espíritu (vivacidad intelectual, rapidez de comprensión y sagacidad de asociación). Se casa, pero es ella quien ha elegido: desde el principio demuestra su superioridad en cuestiones de intelegencia emocional y social. Su sentimiento no depende de la opinión de los otros sino que sigue su propio criterio y, si se encuentra con algún “prejuicio” posee la fuerza necesaria para cambiar de opinión.


La autora esbozó una nueva imagen de la mujer de espíritu libre para elegir su propio destino. Ella descubrió el placer que le deparaba la escritura e hizo de ello su oficio, pero conservó el anonimato durante toda su vida: los títulos de sus libros llevaban como única mención “By a Lady”. Tal vez quería que los lectores supieran que sus novelas estaban escritas por una mujer, pero la invisibilidad le daba libertad de acción.

   
Me pregunto, ¿hubiera sido su obra mejor si no hubiera tenido que esconder sus manuscritos para que no lo vieran sus visitas? Escribir era impropio de la mujer, lo que le añadía dificultad y un elemento de riesgo, pero para ella era una necesidad ineludible. Había llegado “su momento” y, aún con limitaciones y dificultades, no perdió la oportunidad, tuvo coraje.

Pero, si disponemos de una sola vida en este mundo, ¿no es mejor vivirla peligrosamente arriesgándola por algo que de verdad importe y nos importe? A mí no se me ocurre ninguna opción
mejor...


Amparo Ruiz Palazuelos.

domingo, 13 de junio de 2010

Escribir a mano


El Hombre empezó a escribir sobre piedra o arcilla pero como eran unos materiales muy pesados y difíciles de manejar apareció la triada de las “P”: papiro, pergamino y papel. El papiro era una planta que crecía a orillas del Nilo pero su elaboración era muy laboriosa. El pergamino se sacaba de la piel de un animal (ternera, cabra, oveja...) y su nombre venía de Pérgamo (ciudad de Asia Menor). Fue soporte de la escritura desde el siglo III hasta que los árabes introdujeron el papel en el siglo VIII.

El papel lo descubrió Tsi Lun (siglo V DC) que era oficial de un Emperador chino. Tardó mucho en llegar a Occidente. Los árabes lo copiaron a partir del 751 DC al descubrirlo entre algunos artesanos prisioneros de guerra tras una victoria sobre los chinos en Samarkanda. La utilización masiva del papel fue uno de los mayores avances en la historia de la cultura, ligado después a la Imprenta y muy relacionado con ella.
Escribir es rendir tributo a la incesante búsqueda del hombre, a sus esfuerzos, a sus desvelos, a su constante inventiva. Crear es su esencia, lo que le hace humano: la inteligencia del hombre es creadora.

Tras la revolución tecnológica de finales del pasado siglo, nos encontramos en un periodo de transición en el que “parece” que la palabra escrita ya no es lo fundamental. Sin embargo, no creo que el libro desaparezca jamás porque, aunque así fuera, la escritura seguiría existiendo en roca, papel o pantalla de ordenador pues el lenguaje pertenece al hombre y es tan inseparable de él como su propia piel. Necesita grabar, esculpir, dibujar... no importa donde, todo sirve. Para ello, ha utilizado estiletes, plumas de ave y diversos pigmentos. Es curioso, pero a pesar del rígido formalismo del Derecho Romano, Constantino decretó que, en peligro de muerte, sus soldados podían hacer su testamento escribiendo en el polvo, o en la espada o el escudo, con su propia sangre (tinta que no recomiendo en absoluto).

Solo el ser humano puede captar el pensamiento, tanto individual como colectivo, mediante símbolos. Además, la escritura potencia todas las habilidades de la comunicación. Aprender a escribir es un proceso que permite integrarse en un entorno cultural y social alfabetizado. Aunque se insiste mucho en que vivimos en la sociedad de la imagen, estamos en una época muy alfabetizada en la que la escritura es una actividad común que todos tenemos necesidad y obligación de dominar. No todos tenemos que ser escritores pero nadie tiene que ser esclavo.

Me encanta la veneración que el pueblo Japonés tiene por la escritura. “Una buena letra atrae un buen marido”. Para un chino o japonés la escritura es un exclusivo signo de identidad que se esmeran en no perder. Consideran que los caracteres ya existen en el mundo y que el niño debe aprender a expresarlos en una hoja en blanco. La grafía es un regalo. A los dioses japoneses no les gusta escuchar oraciones, prefieren leerlas. Por eso, la gente escribe sus plegarias en notas y a los niños se les anima a hacerlo desde pequeños (sus madres y maestros les escriben sus deseos). En la fiesta del Tabanata, las notas se cuelgan de los árboles y el viento mueve las tiras de papel blanco como si fueran hojas nevadas o almendros en flor.
Escribir es muy barato, basta papel y pluma, y se puede hacer en cualquier parte. Pero se necesita una habitación propia, un espacio propio que preserve la necesaria soledad y nunca viene mal, como decía Virginia Wolf, añadir al propio espacio unas cuantas guineas.

La pulcritud del papel blanco nos invita a cumplir con la principal misión de escribir que es “la claridad”: iluminar un trocito de realidad. La realidad está en estado salvaje hasta que es iluminada por la palabra. Escribir es abrir un claro en el bosque de experiencias confusas, poner las cosas en limpio. Cocteau decía que “escribir es un acto de amor y si no lo es, no es escritura”.

Escribimos para darnos cuenta de lo que pensamos o sentimos, para que se abran los caminos, para tender un puente entre el pasado y el futuro, para dejar nuestra huella como el hombre primitivo la dejó en las profundidades de su cueva, para crear, es decir, para hacer que algo bello que no existía, exista.
Utilizar la mano para hacerlo es un verdadero lujo ya que tiene un gran poder: a lo largo de la Historia, todo lo que poseemos ha sido gracias a ella. La mano es un ser vivo y, como cada parte del Cosmos está en correspondencia con una parte de nuestro cuerpo, la mano está unida a todo el Universo. Es un canal de vida y de creatividad.

Una de las tradiciones que mas me gustan de Las Navidades es la de que nos felicitemos unos a otros con nuestro puño y letra, es mucho más elegante y entrañable que el gélido ordenador, pues, por muy sofisticado que sea, es una maquinita...


Amparo Ruiz Palazuelos

domingo, 23 de mayo de 2010

Mujeres con estilo

Todos los días millones de mujeres en el mundo afrontan la vida con una energía casi sobrenatural: solteras, esposas, madres, amas de casa, empleadas o empresarias son heroínas anónimas que logran su éxito personal después de haber recorrido un largo y arduo camino.

Son mujeres que se respetan a sí mismas, valoran su feminidad y no se dejan influir por comentarios peyorativos. Son responsables de su vida y no las apetece vivir sin autenticidad. Su escala de valores no se orienta según el ideal de masculinidad sino que revalorizan su propio y específico “estilo femenino”.

La fuerza de la mujer es asombrosa porque sus músculos, más que en el cuerpo, están en el alma y en el corazón. Su verdadero poder está en su interior: energía instintiva, intuición práctica, inteligencia emocional, deseo irrenunciable de alcanzar sus sueños y compromiso incondicional por defender la vida.

Este poder femenino, único y original, es transmitido de generación en generación; gracias a él ya no oculta sus pasiones y sus sueños. Una mujer del Siglo XXI, hecha y derecha, combina una serie de ingredientes con gracia y consigue un resultado delicioso: ser ella misma. ¿Cuál son los ingredientes de la receta?: gustos sencillos, un cierto grado de aceptación de frustración, algo de coraje, amor a su trabajo y una conciencia tranquila.

El ser de la mujer está dividido por una línea invisible: de un lado, está ella y de otro, los demás. Esos otros (hijos, padres, parejas, amigos...) merecen todo su amor pero ella sabe guardar algo para sí misma: sus propios sueños, opiniones y gustos y el derecho inalienable de que los demás también se ocupen de ella. Recibe renunciando a tener el control, aceptando que otros tienen dones para dar, reconoce su valor y lo agradece desde lo más profundo de su corazón.

Una mujer con “estilo” tiene su espacio, su tiempo, su atención hacia sí misma. La encanta ocuparse de su belleza, de su aspecto exterior, brillar, ser un poco frívola. Sabe que la coquetería y la seducción son características femeninas (¡y a mucha honra!) y por eso, cuidarse y ponerse guapa la reconforta física, emocional y espiritualmente. No cae en la esclavitud de la moda o del cuerpo pero está muy atenta a su bienestar: armonía entre su ser interior y su imagen eternamente femenina.

Sabe crear un clima apacible tanto en su hogar como en su trabajo: sonríe, disfruta de la belleza de las personas y del mundo, no trata de complacer a todos, expresa su amor, se ríe a carcajadas, elige ropa que le resulta cómoda y se adecúa a su personalidad, se atreve a lucir un detalle audaz y jamás olvida hidratarse o nutrirse la piel.

Su sabiduría ancestral la dice que el carácter contribuye a la belleza porque fortifica cuando la juventud empieza a desvanecerse. La conducta responsable, una actitud valiente ante la vida, la disciplina y la integridad son grandes ayudas para hacer bella a cualquier mujer...

Por otra parte, el descanso, el estar al mando de su propio tiempo, el divertirse y el gozar de la vida (tanto en compañía como en soledad) propician que siempre esté de buen humor. El buen humor es un tónico para la mente y para el cuerpo; es el mejor antídoto contra la ansiedad y la depresión; es muy conveniente para los negocios; atrae y retiene a los amigos; aligera mucho las cargas humanas y es el camino más seguro hacia la serenidad y el bienestar.

Una mujer con estilo conoce perfectamente que la alegría es una belleza emocional que cala profundamente en los demás y que la hace ser especial dondequiera que esté. Siempre tiene música en el ambiente, devora libros, canta, baila, ama, comparte, da y recibe con naturalidad, en definitiva, goza de la existencia y se lo contagia a los demás.

Como contrapunto, sabe estar quieta en medio de la agitación y vibrar de vitalidad en el reposo. Ella ha sabido crear un espacio en su vida que la permite desarrollar su sabiduría, su creatividad, su propia visión de las cosas y su coraje de vivir. Sabe que ella misma es el recurso más poderoso del que dispone para alcanzar su felicidad y la de los demás.

Desde aquí aliento a todas las mujeres a que confíen en su intuición femenina y a que permitan que sus virtudes salgan al exterior. Las animo a gozar de su feminidad y a vivir lo que son con autenticidad.

Que descubran todo el potencial que tienen en sus almas y que vean en el despliegue de ese potencial una tarea que puede ser fascinante para ellas y que puede llenar el mundo que vivimos de valores femeninos haciéndolo más humano, más variado, más cálido y rebosante de amor.

Amparo Ruiz Palazuelos


sábado, 22 de mayo de 2010

Viaje a Avalon

Según la Leyenda, el rey Arturo fué herido de muerte y llevado a la isla de Avalon para que lo sanasen. En ella, se había forjado su espada mágica, Excalibur, que le protegía de las energías de baja frecuencia, de vívoras y vampiros, de demonios propios y ajenos...


La isla estaba escondida detrás de las nieblas y sólo se podía llegar a ella a través de una barcaza. Evocaba al Paraíso, al otro mundo, a lo que no se ve. También se la conocía como la isla de Las Manzanas o la isla de Cristal. Su paisaje afectaba a los que llegaban a ella como lo hacen la mùsica o la poesia, los transportaba a algo más profundo.
¿Qué producía la visión de la isla? Era como si se abriera una cortina, como si se desvaneciera la niebla y apareciera una extensión de agua con una orilla verde iluminada por el sol. Su luz era dorada, de color melocotón y se percibia un gran silencio.


En la isla, prevalecía una cultura de artesanía y agricultura y se valoraba mucho la fertilidad y la paz. Se vivía en armonia con las estaciones del año y con la naturaleza. Prevalecía lo femenino. La relación con la tierra era natural y sencilla y se vivia de una forma fresca y espontánea.
Estamos ya en el tercer milenio y el patriarcado necesita la feminidad (la esencia femenina, la forma de actuar de la mujer) para que todo se equilibre y recuperemos la armonía. Si fuésemos todos más conscientes,volveriamos a dar importancia a las cualidades que hemos ido perdiendo como el amor, la bondad, la confianza, la compasiòn, la gratitid, la amabilidad...


El mundo actual padece demasiado conflicto debido a la energía masculina y su dominación. Sin embargo, percibo que la energía femenina se va liberando suavemente, poco a poco, y va emergiendo de las nieblas del racionalismo después de llevar tanto tiempo reprimida, temida y distorsionada.
El pasado mes de Septiembre, fuí a conocer físicamente un lugar, mágico para mí, en el que no se sabe bien hasta donde llega la Leyenda y empieza la realidad. Me sentía muy atraída por el Suroeste de Inglaterra porque es la Inglaterra antigua, romántica y acogedora que ha inspirado a tantos escritores como Jane Austen, Thomas Hardy, Agatha Christie ó la mismísima Rosamunde Pichler.


Su cream-tea, sus casitas de campo, sus suaves colinas, sus encantadores pueblos y, ¡cómo no!, sus adorables ovejitas que tan buena lana dan, hicieron que me sintiera en la gloria. En aquélla zona, los monjes de la Abadía benedictina de Tavistock, crearon el tradicional té con bollitos calientes y los famosos scones (panecillos) en el siglo X.


Lo que era Avalon en la Leyenda Artúrica ahora es Glastonbury y se halla en Somerset, cerca de Bristol. “Glastonbury Tor” es una colina lisa, sin árboles, de formas redondeadas, que era lo más elevado de la isla. Es un cerro de escasa altura pero pronunciada pendiente. En la cima, está la Torre de San Miguel y, desde allí, se contempla una hermosa y apacible panorámica: el Zodíaco de Glastonbury.


El Zodíaco es un profundo templo paisajístico que tiene relación con con las Estrellas y con Lugares Sagrados de toda la Tierra.. Conecta con la escala macrocósmica, lo que ayuda a la sanaciòn y evolución personal y planetaria. Se ven las ruinas de la antigua Abadía, las del Castillo de Camelot (sede de la Corte del rey Arturo) y Chalice Well.
“Chalice Well” es un lugar Sagrado. Al entrar en sus jardines y subir por el sendero adoquinado bajo los arcos vivos de plantas entrelazadas por la pérgola de roble, tuve la emocionante sensaciòn de que había llegado al Paraíso.


Las aguas que allí fluyen por debajo de la tierra se han venerado a lo largo de los siglos, no sólo como la esencia de la vida sino como una ofrenda que hace la Madre Tierra para alimentar física y espiritualmente a todo lo que tiene vida.
Chalice Well es una fuente de agua rojiza (ferruginosa, con hierro) que está tapada para asegurar su pureza. El agua sube por el pozo (well) y la tapa es de roble inglés con una Vesica Piscis de hierro forjado, atravesada por una espada sangrienta. La imgen son dos círculos entrelazados (cielo y tierra, espíritu y materia, consciencia e inconsciencia, masculino y femenino). Sus propiedades y proporciones geométricas son la base de una armonía que también se encuentra en la Abadía y en la propia naturaleza. Su mensaje es que hay que integrar en nuestra vida cotidiana el cariño y el cuidado de la Tierra y de todas sus formas vivas.


En 1.999 Wellesley Tudor Pole, un hombre sabio y clarividente, compró Chalice Well con la intención de conservarlo para siempre como Lugar Sagrado. El fideicomiso se ve obligado a proteger el Pozo y a facilitar lugares de meditación y consciencia espiritual a todos, sea cual sea su camino.
Dentro de los jardines hay una casa construida en el siglo XVII que sirve de refugio a los socios del Pozo y que se llama Little St. Michael.
Este Lugar contiente una promesa de sanación, sentido y plenitud. Para llegar allí, hay que emprender un viaje interno y externo. Si te atreves a cruzar las nieblas, entras en el reino de la libertad y la creatividad.


En Avalon sentí el pulso de la Tierra y aprecié la fuerza vibrante de la vida que sostiene el Planeta en el que vivimos.
De allí he vuelo vital, vibrante, ligera y deseando contárselo a mis lectores lo mejor posible.
Sé que pronto volveré...


Amparo Ruiz Palazuelos.